El proceso de desamortización en España fue largo, se inició
a finales de siglo XVIII por Godoy y finalizó ya entrado el siglo XX.
(1766-1924)
Así, entendemos por desamortización, el proceso político y
económico en el cual el Estado convirtió en bienes nacionales las propiedades y
derechos que hasta entonces habían constituido el patrimonio amortizado de las
llamadas “manos muertas”, siendo estas la Iglesia Católica o las órdenes
religiosas y los baldíos o tierras comunales de los municipios. Afectaron a las
propiedades plenas (fincas rústicas y urbanas), a los derechos censales y al
patrimonio artístico y cultural (conventos, archivos, bibliotecas, ornamentos,
etc.) de las instituciones afectadas.
La finalidad era acrecentar la riqueza nacional, crear una
burguesía y clase media de labradores propietarios y obtener los ingresos
necesarios ante la alta deuda pública que presentaba el Estado.
Las etapas desamortizadores fueron 4:
- 1ª desamortización (1766-1798). Es la llamada
desamortización de Godoy. Se realizó para solventar la deuda del Estado, en
ella se vieron afectadas un 15% de las tierras eclesiásticas y un 3% de tierras
estatales. Se expropiaron los bienes de
los jesuitas, que fueron expulsados, bienes de la Iglesia, colegios mayores,
bienes inmuebles de la aristocracia, bienes de hospitales, etc.
-2ª desamortización (1808-1823). Fue impulsada durante la
Guerra de la Independencia por la administración bonapartista y seguida por el llamado Trienio Liberal. En
esta desamortización se abolieron los señoríos jurisdiccionales, se suprimieron
algunos mayorazgos, en definitiva, afecta a monasterios, conventos, colegios y
algunos bienes de la aristocracia. Su diferencia viene dada en que se puede
pagar con vales reales. Sin embargo al restaurarse el Antiguo Régimen se
ordenará devolver los bienes a sus antiguos propietarios sin reembolsar el
dinero.
- 3ª desamortización (1834-1854). Es la llamada
desamortización de Mendizábal y Espartero. En 1833 surgen los problemas de
sucesión de Alfonso VII. Mendizábal ordena la disolución de las órdenes
religiosas y consigue vender sus bienes,
en 1945 ya había logrado vender los tres cuartos del patrimonio eclesiástico.
Sin embargo, estas desamortizaciones estaban viciadas desde un principio pues
la intención era que hubiera muchos propietarios de todos (jornaleros y
capitalistas), y el problema fue que se admitió como método de pago la deuda
por su valor nominal y no el real. Como la deuda estaba notablemente
depreciada, los capitalistas consiguieron comprar la mayoría de las tierras, en
detrimento de los campesinos.
En 1841, Espartero impulsó la desamortización de los bienes
del clero secular, pero la ley fue derogada tres años después.
4ª desamortización (1855-1924). Se inaugura con la Ley
General del 1 mayo de 1955 o Ley Pascual
Madoz. Es por duración y volumen de ventas la mas importante. Se completa la
expropiación de los bienes de regulares y seculares y se declara la venta de
todos los patrimonios de las “manos muertas.” A diferencia de la anterior
desamortización, se exige el pago en metálico o bien se acepta la deuda aprecio
de cotización, no de emisión. El destino de la recaudación eran la Hacienda y
la construcción del ferrocarril.
Los efectos de las desamortizaciones en la ciudad de Granada
fueron, junto a la política liberal, la restructuración de algunas partes de
Granada, la destrucción de edificios antiguos, como fueron conventos y
monasterios y la construcción de otros nuevos. Una de esas restructuraciones
fue la reforma interior comenzada a finales del siglo XIX y finalizada a
principios del XX, coincidiendo con las desamortizaciones de Madoz. En esa
reforma interior uno de los proyectos mas importantes fue el de la Gran Vía de
Colón, una de las principales arterias de la ciudad.
Las desamortizaciones, la revolución industrial, la pobreza
de los campesinos, el aumento de la población,
junto con la creación de fábricas y manufactureras en las ciudades y su
alrededores hicieron que estas crecieran considerablemente en el siglo XIX,
haciéndose necesarios los ensanchamientos que luego se llevaron a cabo. La
burguesía se asentaría en esas nuevas calles, las ciudades se unirían mediante
líneas de tranvía con los lugares de trabajo en las fábricas. Se pasaba de la
ciudad conventual, de grandes edificios religiosos, a la ciudad burguesa, con
construcciones de mas altura, ensanches y nuevos espacios públicos.
Las oportunidades generadas por los procesos de desamortización
hacen que a finales del siglo XIX se afronten reformas urbanas en muchas
ciudades. Los proyectos de grandes vías, las operaciones de aperturas viarias a
gran escala o la creación de nuevos espacios públicos y equipamientos urbanos,
como plazas, mercados o paseos, son
algunas de las transformaciones que contribuyen a cambiar la fisionomía de las
calles. Pero esto, con frecuencia, provoca un fuerte impacto sobre las tramas
históricas y una importante destrucción del patrimonio cultural y monumental.
La Gran Vía de Colón en Granada es un claro ejemplo de esto.
El ensanchamiento de la Gran Vía de Colón, al igual que
otras reformas realizadas en la ciudad (embovedado del río Darro y creación
calle Reyes Católicos) persiguió los objetivos de modernización, mejora de las
condiciones de salubridad y renovación de los caseríos. Pero también supuso el
derribo de numerosos caseríos de origen musulmán como fue el Palacio de Cetti
Meriem.
Juan López- Rubio, presidente de la Cámara de Comercio e
Industria de Granada, fue el promotor del proyecto, viéndolo como un buen
negocio tras el incremento de la actividad de la Vega de Granada. Una vez
presentado el proyecto ante esta Cámara y aprobado, se acordó la inauguración
de la Gran Vía para 1892, coincidiendo con el cuarto centenario de la Toma de
Granada y el descubrimiento de América.
Así, como he dicho anteriormente, este ensanche, desde un
enfoque funcional, supuso la conexión del centro comercial con el nudo
ferroviario del noroeste. Sin embargo, desde planteamientos estructurales,
representó la desestabilización del equilibrio urbano tradicional. La
construcción de la Gran Vía supuso la reordenación de 43.698 metros cuadrados
de la ciudad, lo que trajo dos
consecuencias. La primera, con el desmantelamiento de la estructura
socioprofesional del barrio central de Granada, una segregación espacial en
función de los niveles de renta. Esto contribuyó a la congestión de los barrios
históricos, especialmente del Albaicin, al buscar en ellos alojamiento las
clases mas modestas y los artesanos. La segunda fue que la renovación de una
parte del lote inmobiliario del centro histórico, se hizo a costa de la
demolición de edificios de indudable valor y su sustitución por nuevos
inmobiliarios.
En definitiva, la Gran Vía de Colón de Granada describe bien
las aspiraciones de la burguesía de principios del siglo XX.

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